Sin un adiós
Mateo → Antonio
Día del Padre · Folk
Papá, ya sé que tú y yo no somos de llamarnos "para hablar". Lo nuestro son tus dos minutos después de cada partido: me pones a caer de un burro al entrenador y cuelgas sin decir adiós. Pues el otro jueves no llamaste y me quedé toda la noche con el móvil en la mano, como un tonto. Treinta años pensando que esas llamadas eran por el fútbol — y resulta que el fútbol solo era la excusa. No cambies nada, ¿eh? Sigue llamándome para insultar al árbitro. Yo cojo siempre. Feliz día, papá. En agosto, primer partido, invito yo. Aúpa.
Sin un adiós
Mateo → Antonio
Día del Padre · Folk
Papá, ya sé que tú y yo no somos de llamarnos "para hablar". Lo nuestro son tus dos minutos después de cada partido: me pones a caer de un burro al entrenador y cuelgas sin decir adiós. Pues el otro jueves no llamaste y me quedé toda la noche con el móvil en la mano, como un tonto. Treinta años pensando que esas llamadas eran por el fútbol — y resulta que el fútbol solo era la excusa. No cambies nada, ¿eh? Sigue llamándome para insultar al árbitro. Yo cojo siempre. Feliz día, papá. En agosto, primer partido, invito yo. Aúpa.
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Historia de la canción

Contexto
Mateo, 29 años, vive en Barcelona por trabajo; su padre Antonio, en Bilbao, es del Athletic de toda la vida y un hombre de tan pocas palabras que en treinta años nunca le ha hecho una llamada "para hablar". Pero después de cada partido, gane o pierda el Athletic, le suena el móvil: dos minutos de su padre poniendo verde al entrenador y colgando sin despedirse. Hace poco el Athletic jugó un jueves raro, Mateo salió tarde del trabajo y no hubo llamada — y se quedó toda la noche con el teléfono en la mano. Para el Día del Padre le ha hecho una canción folk, para ponérsela en agosto, en el bar de siempre, antes del primer partido de Liga.
Mensaje
Papá, ya sé que tú y yo no somos de llamarnos "para hablar". Lo nuestro son tus dos minutos después de cada partido: me pones a caer de un burro al entrenador y cuelgas sin decir adiós. Pues el otro jueves no llamaste y me quedé toda la noche con el móvil en la mano, como un tonto. Treinta años pensando que esas llamadas eran por el fútbol — y resulta que el fútbol solo era la excusa. No cambies nada, ¿eh? Sigue llamándome para insultar al árbitro. Yo cojo siempre. Feliz día, papá. En agosto, primer partido, invito yo. Aúpa.
Letra
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